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El crecimiento de las organizaciones
en escala y/o en actividades, sumado a la creciente necesidad
de planificar los mercados y audiencias, suele incidir directamente
en la problemática marcaria.
Empresas e instituciones deben "institucionalizar"
sus prestaciones y productos para garantizar su conocimiento
y aceptación por parte de sus públicos: ello implica,
de algún modo, "marcarlos".
Tanto un producto bancario como un servicio municipal se ven
requeridos de algún grado de acuñación
marcaria; pero un tratamiento idéntico en ambos casos
resultaría ineficaz, cuando no perjudicial: para que
la marca resulte verosímil, o sea, convincente es imprescindible
un alto ajuste de su modelo al caso concreto: se ha de acertar
en el tipo (símbolo, logotipo, sigla, mascota, etc) y
se ha de acertar en el estilo (tipográfico, caligráfico,
heráldico, etc.).
Por otra parte, la diversificación de ámbitos
marcarios no sólo se observa en tipos de productos y
servicios sino también en niveles de jerarquía
y autonomía marcaria: no es lo mismo un "commodity"
que un producto de alto valor agregado, no es lo mismo un área
de negocio que una filial.
Y ello debe reflejarse de un modo evidente en el tipo de signos
marcarios.
Antes de "marcar" es indispensable la definición
de una política de marcas que asigne a cada elemento
del sistema su modelo marcario específico y determine
su modo adecuado de articulación con el conjunto y con
la marca paraguas, en caso de ser ésta necesaria.
I+C tiene experiencia en la planificación de estas arquitecturas
marcarias y en garantizar su adecuado reflejo gráfico
mediante la dirección de su diseño.
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